Solo fue un rato

Quizá surja de aquella mañana la explicación de tantas vallas desde dentro al exterior, de aquel momento que solo yo tengo presente cuando quiero ser, cuando me quieren conocer. Surja de entonces mis espinas, mi miedo a la desnudez, mi miedo a abandonar mi caparazón. Mis miedos en general. Y sí, sin duda fue la estocada agónica a tantos versos que no escribí. Lugar de muchos ratos a solas. Muchos conflictos internos. Muchas cosas que no fui. Muchísimas lágrimas, tantas como versos. Muchísimo rencor, tanto como tiempo. Dolor, heridas, manchas, locura…
Y aunque han pasado los años aun me encierran las viejas verjas. Me agarran las enredaderas de los tobillos hasta abajo. Me devora aun en sueños esa mesa verde y las lágrimas de fuego sobre las baldosas de piedra. Esa voz a mis espaldas refutando su intención, como pié que pisa en tejado de paja. Cuando su voz cesó, escupí la bola del chicle, tomé mis decisiones y avancé. La bola fue aplastada en el suelo, pateada y olvidada. Aun hoy se puede ver con claridad al pasar cerca de la puerta o al lado de las vallas.
Me hizo tanto daño que me volví incomprensible. Me hizo tanto daño… tanto… A veces pienso que aquel momento se volvió dolor porque no supo comprenderme, porque mi mundo era más grande y yo más pequeñita. No comprendió que no quisiera ser una más.
La vida se rige con actitudes y los mismos, son los mismos. Siguió en su homogeneidad. En horizontal, viendo como escapaban los días. En su carácter plano de cuento infantil. Siguió fiel a su redil…
Espero que nos veamos dentro de otros ocho años, en aquel mismo patio, ésta vez sí, con las heridas cerradas

*Aviso a navegantes. Aquí no hablo de amor

Cristina Diez-Madroñero Manzano
9/10 de Octubre de 2011

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