En el aire bailan las ánimas, que de noche nos pueden ver.

En la calle huele a ivierno,
a tierra mojada,
a sueños e ilusiones en moradas.
A felicidad, a costumbres
a cuentos en las lumbres,
a brillo de inocentes miradas.

En el aire bailan las ánimas,
que de noche nos pueden ver.
Y el viento arrastra palabras
de los que no han de volver.

Recita un suspiro mi nombre,
el mío y el suyo también,
recitamos nuestros nombres:
la cabeza he de torcer.
Torcer y mirarte, mirarnos
mirarnos y no enredarme los pies.
Que para dejarlos clavados:
Fotos y papel.

Y al dejar la mente clara
el suspiro se comienza a perder
a recogerse en mi pálida mirada
y en tú aun más pálida piel.

Se disfuman los atisbos del inverno
de la tierra mojada
de los sueños e ilusiones en moradas
de la felicidad de las costumbres,
de los cuentos y las lumbres,
cesa el brillo de las miradas,
y mientras tanto
siento la vida
ahora huele a vida quemada.


Cristina Diez-Madroñero Manzano
Garbayuela, 13 de diciembre de 2011

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