triste balada

Descartando lágrimas como hace tiempo,
con la mirada desordenada
perdida en un silencio,
Viendo hipnotizada
como me despeina el viento,
confesando sin decir nada
todo lo que me quema en silencio:

“Yo puedo”
-yo pensaba.
“Yo estoy”
-yo no estaba.
“Yo soy…”
-y estaba equivocada.
Y entre tanto ego
seguía sin enterarme de nada.
Perdiendo mi habitual sosiego
le regalé mares a la almohada.
Rompiendo el hilo del miedo
me descubrí fríamente desconsolada.

Sin paz ni palabras,
con mis losas
y mis viejas amarras,
tuve al fin en cuenta una realidad
que no quiso ser aceptada:
ni por amor
ni por mi cielo
ni por mi voz
ni por mi ego.
Le aullé a la luna
mi extraña fortuna
convertida en triste balada


Cristina Diez-Madroñero Manzano
22 de septiembre de 2011

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