Dime quién te ha tiznado de negro la mirada,
de reluciente negro
de desazón y carbón,
de reluciente negro
negro como el de tus pestañas.
Que más se parecen al picón,
a la leña en pleno ardor sofocada,
más que al chisporroteo de la lumbre
más, mucho más que a su esplendor
en tardes de migas y gachas.
Dime niña que te pasa,
dime niña, dímelo.

Dime donde está el fuego y su furia
háblame de la tormenta
de la nube que se lo llevó,
háblame de su lluvia
del frío río que la extinguió
habla niña, no te vayas
dime niña, dímelo.

Cabizbaja, llorosa,
con disimilo,
tú nunca te sonrojas,
vistes siempre de oscuro,
como una monja
nunca flanqueas tus muros.
Perdida en tu piel,
dime, ya no sabes qué hacer,
sencilla y fiel:
prefieres no creer

Qué será lo que te pasa,
me acerqué a ti y a tu ventana,
y vi que vas y vienes y que siempre estas en casa.
Estás y sonríes y hablas como velada
dime niña.
¡Dímelo!
dime quién fue.
Esa mirada quién la tiñó.
Acércate a la reja y contéstame:
¿Quién te ha tiznado de negro la mirada?
Dime niña ¡¡dímelo!!

Cristina Diez-Madroñero Manzano
5 de enero de 2011

Comentarios