Y ella se alejará y me dará la espalda

Con fuerza me abalancé hacia ella
y sé que no lo hice sola,
me ayudaron unas manos,
unas manos muy bellas,
manos firmes y suaves:
manos de ilustre doncella.
Lo sé por lo que contaron,
me lo dijeron unos labios calmados,
labios que hoy viven en una estrella,
en una luminosa y lejana estrella.

Y me aferré a ella, sí.
después de abalanzarme me aferré.
Y dialogamos también,
y conmigo la tengo aquí.
Y me da besos de vino y miel.
Y me susurra esto para que la trate bien:

“Ahora llego y ya me quiero ir,
ahora que estamos llegando
ya es la hora de partir.
Ahora te amo, te quiero,
ahora te dejo morir.
Mi amor traicionero
endulza veneno,
tómalo si te quieres destruir,
te ofrezco placeres secretos,
a cambio te llevaré antes allí,
a ratos al cielo,
a ratos al inexorable fin.

¡Corre!, Disfruta de mis hieles,
solo así podrás robar al tiempo,
solo así el largo y virtuoso camino

solo así es como me entretienes
y para ti camino más provechoso junto a mí.

esto es lo mejor que tengo,
es esto es lo mejor de mí.

Y si esperas: azul oscuro casi negro,
negro cuando se seca el carmín.
Se seca cuando voy y vengo
cuando vengo y voy sin reír.

Habitaré debajito de tu sosiego
cuando menos te lo esperes me verás huir
solo es eso, porque el cruel hilo de la vida soy
debajo de tu ombligo vivo,
ahí, justo ahí
ahí es donde  estoy”


Cristina Diez-Madroñero Manzano
Garbayuela, 29 de enero de 2012

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