Y que el parpadeo de mis pasos en la escalera no te cieguen

Y que el parpadeo de mis pasos en la escalera no te cieguen, que ya no se ven mis huellas porque el polvo de tus besos lo he borrado. Lo borré de calor, aunque quedan motas de cariño, guiños de color amarillo de un viejo agosto.
Subiendo y bajando palabras de mi lengua a la memoria, y de la memoria al papel, aprendí que: lo extraordinario no nace en la ventura del saber hacer algo bien. Y aun así no supe aprender a serlo, tampoco lo deseo. Lo único que anhelo es vivir a mi extraña manera y alejarme de las sombras que se acercan a mí para deshilachar mi tela de araña, la que me viste y me arropa y forjar mi destino. Y ser gusano de seda.

Cristina Diez-Madroñero Manzano
22 de febrero de 2012

Comentarios