Claro de luna

Por fuera imitaba la madera
por dentro el terciopelo,
ellos tocados de blanco
parecían de cristal,
dos bailarines acaramelados
sobre una maquinaria de metal.

El regalo de un enamorado
con el corazón a reventar, 
en aquella cena de luz de vela
que nunca podrían olvidar.
Sostuvo entonces su mano,
y en susurros le explicó la verdad,
desde entonces la ha amado
y tengo por seguro que la amará,
aunque por el desafortunado pasado
ella ya no está.

Y quien lo cuenta no estuvo, 
pero las notas de Beethoven le hacen recordar
las mañanas al borde de su cama
y la voz de ella al narrar
la dicha de aquel segundo
cuando la caja de música comenzó a sonar


Cristina Diez-Madroñero Manzano
7/8 agosto de 2012 

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