Ardimos en el placer de bordar sin hilos


Pendiente en un suspiro,
un quejido pa’ no ver,
que de cualquiera me ensimismo,
me dejo llevar por cualquier papel…

Se detiene el tiempo aquí mismo
con tantas cosas por hacer,
se va forjando el cariño
con las rosas naranjas de su plantel.
Naranjas porque fue el color amarillo
el que tocó el rojo del mantel,
mantel de mis besos teñidos,
de mis labios rojos y mi cálida piel.

Se marchitan las flores
del que no sabe ser fiel,
se marchitan y crecen,
se deshojan y vuelven a crecer.

Pendiente en un suspiro,
un quejido pa’ no ver,
que de cualquiera me ensimismo…
¡me dejo llevar por cualquier papel!

Me miras a los ojos
y el tiempo se detiene,
y el tiempo no para de correr…
que hoy nada tengo,
solo besos que mañana apostaré.
Y con tanto y tan poco
estoy apunto de nacer.

Y hay cariño, y hay verano,
otoños, primaveras…
e inviernos también,
porque sin prisas ni halagos
 iré siempre buscando,
en tu estación, tu cambiante andén.

Te llevo en mis manos…
¡¡eres mi alma!!
Me tienes entre tus lazos…
¡¡dame tu calma!!
Y un quejido pa’ no ver:
que somos más que la mar
es de la sal y la espuma.
Que somos más que en la noche
la penumbra y la bruma.

Yo soy tu aire,
y tú eres mi fe,
siempre los dos
pendientes de un suspiro,
que rinda a las musas
cuando tu carne y mi carne
no se distingan bien.

Tú eres mi cuerpo;
yo soy tu piel.
Tú mi aliento,
mi voz y cada parte de mi ser…
Y yo solo un suspiro,
que se va a desvanecer,
un iluso impulso del viento
a punto de desaparecer.

Por ti cuelgo mi corazón del olvido
¡llévame! ¡llévame amor!
A tus brazos de retazos de edén.
Como hiciste con ellos:
¡fundámonos bajo el rojo mantel!
y seamos solamente uno,
pues es todo lo que deseo poseer.

Y aunque de cualquier corazón me ensimismo
como a ti te amo…
Así…
 así…
¡¡Así jamás podré querer!!
Porque no hay dios ni ser humano
que como tú me impida desfallecer…

Juro que lo he intentado,
está claro que lo intentaré,
alejarme de éste nuestro amor insano,
y sé que batallas en vano,
por sentir como te siento, perderé.
Es éste de mi pecho, loco obstinado,
que se empeña en seguir tus pies.
Los tuyos, los del más altivo e infiel…

Es éste, ese que rinde a las musas,
cuando tu carne y mi carne
no se distinguen bien.
El que a pesar de todo te busca,
y por ti roba y vela cada luna,
el que rehoja capullos de rosas de miel,
el que cree en tus canciones de tuna
y bebe sin amarguras cada noche tu hiel.

Pendiente en un suspiro
de hielo y plata
de repente me resbalé,
para que oigas ésta voz que clama
un quejido pa’ no ver,
que dice y señala:
que eres infierno y paraíso a la vez,
que se nos agota el tiempo:
¡que nos quemémonos ya
en éste antiguo placer!
de bordar sin hilos,
de bordar en papel.


Cristina Diez-Madroñero Manzano
Madrid, 28 de septiembre de 2012

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