Uno de octubre de dosmil doce

Y ahora es todo tan raro... tan extraño. Viviendo, de viernes a miércoles, sola y me siento más acompañada que nunca... Las llamadas, las visitas... Toda se gente que me ayuda y se preocupa por mí.
Me da miedo, porque creo que a esto que siento lo llaman felicidad, y la felicidad me asusta. Es como si viviera en una nube... viendo desde las ventanas de mi cuarto, en en mi cuarto-C, gran parte del Madrid monumental.
Comenzar el grado, estar al fin donde siempre soñé... es todo como muy subreal. No doy crédito.
Paseo por centro de la ciudad, y por el metro, sonriendo como una boba, aun sabiendo que me queda un camino duro, pero no importa, ésa es mi libertad: trabajarlo.
No sé hasta donde llegaré, ni si quiera si me sobrevendrá la decepción, pero éste ánimo y éstas ganas no tienen precio.
Me siento viva

Cristina.

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