Una de las primeras que publiqué

(...)Pasada la media noche decidió volver a casa. Llegó completamente empapado y con los bolsillos y los zapatos de llenos de arena . Se en cerró en su habitación y en vez de dar luz prendió una vela. Cogió una plumilla desgastada  y se sentó frente a su escritorio. Sentía la necesidad de llenar hojas y hojas con mares de tinta, de escribir algo realmente bueno, pero terminó como yo: olvidado en un mundo que no le pertenece, desvelado, cansado y contando una historia triste y sin sentido, donde vagamente te puede perder y reflejar.

DM
Garbayuela, 15 de Junio de 2010

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