Sonreía con el afán del aroma de un café intenso y dulce.  Con la promesa de la juventud entre sus labios. Despistando el mundo que anda más allá de sus trapicheos, de sus ensoñaciones, de sus arrebatos y caprichos. Era egoistamente feliz y no pretendía molestar a nadie.
Apuró el café y volvió al mundo de los cuerdos. Le tocaba trabajar

DM
Madrid, 10 de diciembre de 2014

Comentarios