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Tal vez tenga el silencio, más palabras para nosotras, que todas las que podamos decirnos. Pero tú y yo, luces inquietas, aunque distantes y calladas, estaremos siempre juntas en el ruido. Allí hemos de rozarnos, una y otra vez. En ese silencio que nos tiene. En la pausa de una oración que ama su resonar, en el tronar de unas letras que se borraron de tanto escribirse. Volveremos a vernos en el parpadeo, en la intimidad de los que se entienden, pero nunca lo confiesan, en la oscuridad ciega que apaga la bombilla de un proyector entre imagen e imagen. Entre sueño y susurros    En lo infinito, en lo imposible: como el amor de verdad.
(...) Entonces la noche, que con ella duerme y con él se desvela
El eco es más consciente que el sonido

A un beso

Ese rosa que queda rascadito en un sueño: que nos pensó iguales en algún punto en el que jamás podríamos llegar a ponernos de acuerdo. Y decidimos compensarnos en el infinito. Cada uno, a cada uno. Con una idea muy estrecha, que nos aproximó mucho. Tontamente.

Tejidos

(...) Aun así y por más que lo hagan, siempre se rompe de por medio una distancia insalvable, donde solo coge la admiración, el oidio y el deseo. Poco importa luego si primero vino uno, el otro, o todos a una misma vez: la tragedia ya está allí. En el aire. En el respirar que convencido trata de comprender, de dar una respuesta, y luego otra, y luego otra, y antes esta, y primero, y después... La tragedia se hace carne. Sus manos mojan una imaginación ardiente en la figura intangible del ser. Moribundo de pasiones, silencioso, reflexivo, espejado en sí mismo, en su autoafirmación precisa y complaciente del mundo. Se tornan su cuerpo y su consciencia en un actor enfermado de si mismo y del querer. (...)
Ayer era Julio Verne conociendo a Peter Schlemihl
Somos una probabilidad errónea en una máquina inconcebible para nuestra imaginación. Tenemos que suceder una cantidad finita, no numerable, de veces (en el lenguaje al menos) Y esa es toda la realidad posible

Tarde roja

Tarde callada. Tarde. De contorno ondulado simétrico. Callada Tarde. Lenta, vaga sensación de dispersión y movimiento. Cono de luz en un destello: vibrante aguda, fina aguja que teje los perceptos: malva granate ambar carmesí y un azul oscuro rezagado: tarde en la tarde. Chispa fina de mañana dónde permanecen los álamos pardos parados, lilas, granates y amarillos. Blancos, altos álamos: ramos de fantasía. Tiempo que solo es espacio: cavidades desahuciadas, contorneadas con tinta negra, azul y verde y rojo opacante en su vibrar físico, ocupado: vacío. Saturado. Con cada parpadeo del reloj Milimetrado. En su lugar. Sin movimiento: eso es el tiempo y la tarde. Tarde callada. Callada. Tarde de contorno ondulado rojo, simétrico.
Extrafísico. Como todo lo que no se escribe, lo que no se dice, lo que no se comparte, lo que no puede verse en su reflexión. Las cosas que se extinguen como algún día nosotros lo haremos, sin dudas ni reclamos. Y así han de ser amadas, calladas, sentidas. Las que solo así, puedan ser, sin pasar por ser materia sonora. Lejos de la fisicidad doliente del estar. Sujetos. A lo razonable

Terminaste el cuadro y le pusiste un marco rojo

Tú 

sedimento

[...] Entender la textura de la cuerda con solo mirarla, comprender la textura del sonido, leer la textura del aire. Y luego tocarla, tocar la cuerda. Rescatar la nota. Invocarla, hasta que todo lo que la rodea la aglutine. A la nota, a la cuerda, al tono, a su entorno. Y se convierta en un unívoco multiplicado, que regrese flotando a todos los unos otros que manejan las partes, que a la vez son unívocas y múltiples de significación, aporías infinitas que no pueden sumarse ni dividirse y aun así se superponen y completan. [...] Diez-Madroñero

LA QUIETUD ES LA MÁXIMA VELOCIDAD ALCANZADA.

La vida supone un avance. Pero solo es un supuesto que se desprende de un estado impermanente. Químico, físico, mental, mágico, y en última instancia consciente. 

Permanencia y estado de lejanía. Suspensión cromática: blanco. Los volantes rojos

Del estado de suspensión a la locura. Sustantivos cercanos: los festones de un vestido de volantes Rojos. Volantes. Azules en la escarcha blanca. La margarita. En el rocío de la mañana olorosa, volantes y faldas, y piernas largas. Del estado de suspensión al arrullo incansable de la verbena, chasqueando, tintineo de pasos, y palabras, vasos, Y SUSTANTIVOS CERCANOS. Del estado de suspensión a locura. Y el vacío y el ruido de la verbena, la orquesta, la música, los volantes y los pasos: la luna colgada de una luz de cañón, de colores que marca la estela de la noche viva, y suspendida del halo del humo que la hace visible, transito por ella sin saber por dónde he venido y me caigo. Y sentada en el suelo justo al ras de los zapatos la niña alza la vista y lo ve: volantes, volantes rojos la rodean bailando. Y allí, colgada, en la suspensión de la locura  nadie comprende que miran aquellos ...
Nos pensamos que la base de la vida es enamorarse, cuando todos sabemos perfectamente que la base de la vida es el agua
Elevado no es más alto, sino más ingrávido