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0.ANTES DEL GUIÓN

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Por estas cosas que pasan
Marzo de 2017:

"Ideas persecutorias, así  llamaría yo a esta sucesión de pensamientos recurrentes con los que una se va chocando de manera continua y un tanto aleatoria. Frases que van tatuando el pensamiento y que van deformándose para ser otra cosa en el eco del tiempo. Y en esa dilatación, parece por un instante que se tocan entre ellas, para venir a explicarte algo que después tú has de contar. Escritura de subsistencia. Lugar al que pertenece el germen de esta historia: 
“Las personas apasionadas están condenadas a apasionarse” 
“La diferencia entre la pasión y la obsesión es que la pasión se comparte” 

Y frases ajenas que vienen a desencadenarlas: “
El deseo tiene que pasar por los desfiladeros del significante” 
(...) “la sensación de mí mismo a partir del reflejo que tengo en el otro” Ahí es cuando decido parar: 
¿y si soy quién está condenada a apasionarse? (...) (horas sin dormir). 
Tal vez me obsesione. Luego decido que sería más terrible no hacerlo,…
(...) Entonces la noche, que con ella duerme y con él se desvela
El eco es más consciente que el sonido

A un beso

Ese rosa que queda rascadito en un sueño: que nos pensó iguales en algún punto, en el que jamás podríamos llegar a ponernos de acuerdo.
Y decidimos compensarnos en el infinito.
Cada uno, a cada uno.
Con una idea muy estrecha,
que nos aproximó mucho.
Tontamente.
HISTORIAS ARGUMENTADAS FUERA DEL RELATO
Somos toda nuestra distancia.
Distancia blanca mullida e infinita
que nos compara

2018

Podría adornarte con palabras, como lo hago con la gente. Y tendría muchas. Palabras. Muchas, muchísimas de las que no tengo con nadie. Pero no quiero. Me basta con amar tanto. Lo suficiente para no nominar. A riesgo de perder en ti la necesidad del sentimiento de adornarte con palabras. Y que me olvides, amor dichoso, como olvidas a las personas que adornas con palabras.

SECUENCIA 3

El eco ronco de los tacones se detiene, y con él la dimensión del espacio queda también detenida. LUCÍA (34) está reclinada sobre sí misma. Ata la pulsera del zapato derecho y se incorpora. Retira el pelo que se le había venido a la cara, con un gesto de cabeza ondula hacia atrás sus tirabuzones. FELIX (45) repite todas sus advertencias como una letanía. Lucía (MOIRA EN ADELANTE) coge impasible una brocha, de una de sus cajas de maquillaje, y se retoca el colorete mientras él prosigue

SECUENCIA 8

MERCHE la mira complacida, la presión marrón oscuro de sus ojos, marrones y oscuros, sobre los pensamientos de MOIRA ha descendido. Ha parado de intentar adivinar lo que se refleja en sus ojos opacos. La tensión que le producía el vestido brillante y amarillo de Moira se ha disipado con la música

SECUENCIA 18

(...)MERCHE se acerca a la cama.
Entra con sigilo. Fernando, entre sueños, nota su olor y su silencio, y aun con los ojos cerrados, se vuelve hacia ella. La línea suave, de su piel suave, con la luz suave de la ventana, insinúa sus caderas, desnudas en las sábana de hilos de algodón y lino, que sofocan las noches más duras del intenso verano. Y su mano, la de Fernando, el desvelado, se aventura con sigilo para cerciorar la suavidad nivea de sus caderas: las de ella, la que vuelve tarde a casa y le da la espalda intentando dormir. Merche viene del ruido y necesita silencio.
Fernando, morando las palabras mudas de Merche, busca arrancarle algún suspiro arrastrando los labios por su nuca. Él necesita el ruido del que ella trata de escapar. Y la besa. Ella se estremece.
(...)
Nadie tiene la respuesta
-Antes de las teorías del amor tuviste muchas teorías.
-Realmente no fue antes, fue en otro momento
- Muchas teorías
-El movimiento, el desplazamiento
-Muchas teorías
-Las teorías del amor
-Escribías a oscuras. Muchas teorías
-Y tú me mirabas
-Muchas teorías. Yo dormía.
-Tú me mirabas
-Yo dormía




Flores en nuestra primavera

Tejidos

(...)
Aun así y por más que lo hagan, siempre se rompe de por medio una distancia insalvable, donde solo coge la admiración, el oidio y el deseo. Poco importa luego si primero vino uno, el otro, o todos a una misma vez: la tragedia ya está allí. En el aire. En el respirar que convencido trata de comprender, de dar una respuesta, y luego otra, y luego otra, y antes esta, y primero, y después...
La tragedia se hace carne.
Sus manos mojan una imaginación ardiente en la figura intangible del ser. Moribundo de pasiones, silencioso, reflexivo, espejado en sí mismo, en su autoafirmación precisa y complaciente del mundo. Se tornan su cuerpo y su consciencia en un actor enfermado de sí y del querer.
(...)
Posiblemente sea
absurdo. E
ingrato
Absurdo e ingrato:
lo sea,
es probable,
no sé si imposible
pero sí absurdo
tratar de entenderlo
Entender
tratar de entenderte.
Absurdo.
Ingrato.
Pero dame un beso
no preciso nada más.

Un beso.
Un beso
Dos besos.

Un beso
absurdo.
Nada más
Nos pensábamos que acabábamos donde acababan nuestros pensamientos
Unos ojos que miran a cámara.
-Ojalá nunca lo entiendas
Ayer era Julio Verne conociendo a Peter Schlemihl
Iba tan despacio que casi me hace sentir la velocidad del tiempo
Somos una probabilidad errónea en una máquina inconcebible para nuestra imaginación. Tenemos que suceder una cantidad finita, no numerable, de veces (en el lenguaje al menos) Y esa es toda la realidad posible